Recuerdo la impresionante metedura de pata de la Administración en los 70, con la abolición de los numerus clausus en medicina como consecuencia de la presión de los demagogos populistas que defendían el derecho a estudiar. La demagogia siempre fracasa, pero cuando fracasó con miles de médicos ejerciendo otras profesiones, los demagogos hablaban ya de otros derechos. En Odontología ha sucedido recientemente algo similar, con la creación de numerosas facultades, que funcionan como negocio tras otra espectacular metedura de pata, de una Administración diferente. Esto ha dado lugar al mercantilismo, la publicidad engañosa o simplemente la publicidad fuera del marco sanitario, ayudada por algunas sentencias como la que nos dice que la frase «implantes dentales sin cirugía» resulta correcta y veraz (sic).

Todo esto da lugar a la aparición de mediocres sin escrúpulos, que encuentran un filón en el mercado y se dedican a explotar a estos jóvenes dentistas que intentan ser fieles a su profesión sanitaria, y que en ocasiones en su primera entrevista de trabajo oyen frases como «déjate de exquisiteces, si no te gusta lo que te propongo tengo 20 más esperando en la puerta». Y lo que se les propone la mayoría de las veces son sueldos por debajo del mínimo, contratos de falsos autónomos, jornadas interminables, en las que no se reconocen las horas extras y hasta con posibles sobretratamientos que ponen en riesgo la salud del paciente.

Cuando comento que dos odontólogos de Valencia cercanos a los 60 años han cerrado sus consultas, no pueden pagar la cuota colegial y comen diariamente en la Casa de la Caridad, tengo que oír respuestas, de gentes que se le supone una cierta cultura, como «los dentistas ya han ganado mucho dinero».

Hoy en día trabajan en España tres veces más dentistas de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud y el numero seguirá creciendo exponencialmente en los próximos años.

La complicidad de la Administración, la torticera interpretación de la Ley de Publicidad Sanitaria por parte de la Agencia Española del Medicamento y la lentitud del sistema judicial, han dado lugar a las calificadas por la prensa como clínicas patera. Se anuncian como dentistas con corazón pero tienen a algunos odontólogos viviendo en la propia clínica con dormitorios ilegales dentro de la consulta en plan tercermundista. Lo justifican como un sistema DIR, refiriéndose sin duda al MIR, como si los MIR durmiesen en los hospitales durante la residencia, cuando todo el mundo sabe que las únicas zonas de descanso de los médicos están en las áreas de urgencias.

El sistema MIR, está reglado y controlado por el Gobierno y la sanidad pública, es por oposición y está remunerado, no como aquí donde la empresa privada les paga lo mínimo pero ojo, les cobra por la formación amparada por una Universidad que ni siquiera tiene facultad de Odontología. Algunos odontólogos empiezan a abandonar ésta empresa.

Por otra parte, gran parte de las reclamaciones de los pacientes ante asociaciones de consumidores o ante nuestro Colegio coinciden con la misma frase «me ha fracasado lo que me han hecho y el dentista que me lo ha puesto ya no está. La empresa no se hace responsable». Y es que la aparición de todas estas empresas mercantiles, franquicias y seguros, propiedad de inversores, confunden de tal manera a ese consumidor que acaba creyendo que conseguirá un tratamiento mejor y más barato que el resto de clínicas. Ignora que el odontólogo es el responsable último de todo el tratamiento, incluida la prótesis, y que el paciente tiene derecho a conocer el coste final del mismo.

Con la electricidad más cara de Europa y comprando la mayoría de nuestros productos en el extranjero por falta de tecnología, es difícil mantener unos honorarios por debajo de la mitad de Francia, Italia o Alemania, y la cuarta parte que en EEUU. La evolución de nuestra profesión se deteriora y eso afecta a los profesionales pero ineludiblemente también a los pacientes aunque aún no sean conscientes. Necesitamos un cambio y así la próxima vez que demos un premio a una persona con los valores éticos y humanos tan grandes como los del Dr. Guillermo Del Nero, de 82 años, premio «Dentista del año» de España, no tendremos que ver como se emociona en su discurso y con lágrimas en los ojos nos hable de prostitución y odontología.

ENRIQUE LLOBELL | Presidente del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Valencia (ICOEV).

info: http://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2015/12/27/567f9e29e2704e8f728b4611.html