Desde que tomé posesión, no había podido disfrutar de esa parte lúdica que tienen todos los presidentes. Reunión del Consejo General. Madrid. Salgo a las 8, 9’50 en la capital, taxi a la puerta de Alcalá y a las 10 reunido. Perfecto. Solo que no contaba con que el AVE se retrasase como un vulgar mercancías. Imagínense, primer día y llego con la sesión empezada. Ahora entiendo porque los presidentes van y vienen en sus coches, así no se les cae el café en el vagón de cola que es la clase “business”. ¿Qué si se mueve? Pruébenlo. Eso sí, leí la prensa, que decía algo de unos policías que se quejaban de que los malos tenían sus nombres por desliz del juzgado. Y yo me pregunto ¿no se les dio el consentimiento informado? Porque a nosotros, los odontólogos, estomatólogos y médicos en general se nos exige un minucioso consentimiento informado en el que nos condenan si nos dejamos una coma.

Un consentimiento, que ocupa mucho tiempo al colegiado, que debe además explicar el diagnóstico y el plan de tratamiento, en una primera visita que el ciudadano, según las últimas tendencias, cree que es gratuita.

Un consentimiento que aleja la relación entre el paciente y el odontólogo.

Por eso, el ciudadano se queja de que el diagnóstico, y también el plan de tratamiento, se lo da en algunas clínicas dentales alguien ajeno a la profesión. Debemos volver a la relación del profesional con el paciente, que lo reciba y que le informe sobre lo que le pasa y cómo puede tratarlo. Y que supervise los tratamientos realizados por su personal auxiliar, tanto en la higiene bucal como en la prótesis dental. Y el presupuesto debe ir firmado por su odontólogo.

Hable usted con su odontólogo y abone la visita por sus consejos, como haría con el abogado o el médico. Los comercios son otra cosa.

Y hablando de economía, los que de verdad ganan dinero son las facultades de odontología privadas, que proliferan como setas al amparo de las administraciones, aunque a unos y a otros les de lo mismo formar profesionales que no llegan a estar parados porque ya no llegan a trabajar.      Quizás vean mucho más lejos que yo, y los formen directamente para enviarlos a Alemania, donde no los van a recibir, porque no es de recibo un titulado superior que se ha formado los fines de semana. ¿Sabía usted que ahora hay determinadas titulaciones superiores que pueden obtenerse estudiando sólo los fines de semana? ¿Sabía usted que el pasado año ninguno de los odontólogos que terminaron la carrera abrió consulta en Valencia?

¿Para que queremos trescientos odontólogos más cada año en esta Comunidad si no podemos darle trabajo a ninguno de ellos? Lamentablemente, estas preguntas no son políticamente correctas. Y no me refiero a un partido político concreto, esto sucede igual en todas las autonomías.

Aún recuerdo aquella sentada de padres en la escalinata de la facultad de medicina y odontología, que no dentistería, allá por el año 1971, pidiendo estudios para todos. Después se repartieron médicos para todas las profesiones, incluso vaciando contenedores en los camiones de basura. Luego llegó el “numerus clausus” y con él la regulación. Sin embargo, en odontología, ahora vamos a por “un odontólogo por ciudadano”.

Volviendo al colegio profesional, hemos potenciado el buzón de sugerencias, y se nos ha pedido entre otras cosas, suprimir Santa Apolonia, por ser este un país laico y aconfesional. De momento aún existe la festividad de San José, San Isidro, San Jorge, etc, y un largo etcétera, así que nosotros por nuestra parte, hemos recuperado la tradicional Santa misa de Santa Apolonia y la chocolatá. Aunque sólo sea para ir contracorriente.

 

Enrique Llobell